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The Lost Canvas - Capítulo 40 "Soledad"

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"Soledad" (孤独, Kodoku) es el capítulo número 40 de The Lost Canvas, ubicado en el Volumen 5 de la obra, puesto a la venta 7 de septiembre de 2007.

Sinopsis

La escena es chocante, frente al espectro, el cuerpo de Aldebarán inmóvil e inconsciente se encuentra indefenso adherido a una enorme cruz alrededor de un círculo de fuego, compuesto por poderosas llamas negras que arderán hasta consumir el cuerpo de su víctima. Dohko quien acaba de llegar lanza un golpe amenazante hacia el piso a pocos metros del espectro; sus ojos están repletos de furia, sus dientes cerrados y sus cabellos despeinados; su cuerpo mantiene una posición indecisa, no sabe si esperar un poco más un atacar sin pensar. Sin quitarle la mirada, le pregunta a su rival que cómo se atrevió a matar a Aldebarán. Kagaho de Bennu no ha perdido la calma con su llegada, le dice que es una pena que llegue tan tarde, pero el caballero de Tauro ya está condenado, estando prisionero de de sus llamas que lo consumirán hasta la muerte… sólo que, visto su talla, esto tomará algo de tiempo. El cosmos de Dohko estalla, la figura de un gran tigre se aparece detrás de él, sus ojos están a punto de salirse de sus órbitas por la ira contenida; levanta su puño en señal de venganza mientras que fragmentos del piso comienzan a elevarse por el poder. Dohko le grita a todo pulmón que no va a permitir que le siga faltando el respeto a su amigo. El cosmos de Kagaho se eleva también, las llamas cubren su cuerpo; confiado mueve su palma abierta invitando a su rival a atacarlo y le dice que por fin terminarán lo que empezaron hace un tiempo. De repente, una voz grave interrumpe a los rivales desconcentrándolos y les dice que esperen un poco.

Dohko voltea y ve con asombro que Aldebarán sigue vivo, le dice a su amigo que no se preocupe, que él se ocupará del espectro. Aldebarán de Tauro está completamente quemado, ha perdido uno de sus ojos que ha quedado blanco atravesado por una gran quemadura vertical, su cuerpo está gravemente herido pero al levantar la cabeza sólo se puede ver el rostro de un guerrero que se rehúsa a abandonar su batalla. El gran toro dorado le pide a su amigo recién llegado que se aparte, que ese combate es suyo. Dohko reacciona torpemente, lo mira con duda y le dice que no se ponga a decir ese tipo de cosas, que se encuentra gravemente herido y se lo deje a él. Levantando la voz, Aldebarán le dice que no se vaya a olvidar que los caballeros se enfrentan siempre uno contra uno, que mientras se encuentre en estado para luchar le prohíbe meterse en su combate. El cosmos de Tauro reaparece, concentrando su poder comienza a luchar contra las llamas que lo aprisionan, la presión es enorme y las llamas empiezan a ceder. Aldebarán de Tauro rompe la técnica de Kagaho y hace que las llamas se dispersen, gritando envuelto por la rabia le dice que le hará falta algo más que unas llamitas para reducir a cenizas su estrella. Las llamas negras salen disparadas un poco por doquier y Dohko es obligado a retroceder de unos pasos, el espectro sonríe incómodo observando cómo su Sacrify Ankh fue destruido. El caballero de Tauro ignorando el grito de su amigo, camina sin temor hacia su rival, mirándolo directamente a la cara le dice que su combate aun no ha terminado y le pregunta si quiere continuar. Kagaho no está muy contento, evita que la duda se forme en su cabeza y desafiante le contesta que su próximo ataque será fatal para él.

EL cielo tiene colores rojos, el sol comienza a ocultarse, desde lo lejos se escuchan los gritos de tres jóvenes que llaman desesperadamente a su maestro. Saro, Teneo y Arinsa llegan ante la mirada atónita de Aldebarán y ven con asombro a su maestro lleno de heridas y con el cuerpo quemado. El pequeño Saro se separa del grupo y gritando comienza a correr en dirección de su mentor, Teneo logra agarrarlo por el hombro y le dice que tiene que quedarse allí, que no debe interferir en el combate. Saro trata de liberarse, la lágrimas comienza a brotar y empapar su cara, desea ir con todas sus fuerza a ayudarlo, su maestro está herido y no quiere que muera, no quiere que su hermano mayor se lastime más. Aldebarán le grita con reproche a Teneo que por qué han venido y este le responde un poco asustado que fue por Saro, que él insistía en ir y lo siguieron. Su maestro los mira como examinándolos, los dos jóvenes mayores están un poco incómodos con la situación; Teneo se acerca y recoge el casco dorado con cuernos y se lo da a su maestro y, con firmeza le dice que se está entrenando cada día más fuerte para poder combatir a su lado algún día, y con voz de súplica y una mirada compasiva le pide que por favor no pierda este combate. Aldebarán se ríe levemente y poniéndose el casco le dice que no tiene la intención de perder.

Los dos rivales se han quedado solos nuevamente decididos a terminar con esto de una vez por todas. Dohko se ha alejado un poco con el trío de jóvenes y con un brazo en alto les impide avanzar. Kagaho se burla de y le pregunta si ya terminó de despedirse, que aparentemente son esos niños la razón por la que continua luchando a lo que Aldebarán le responde que así es, que por esos niños se levantará cuantas veces sean necesarias. El espectro intenta burlarse, le dice que su motivación viniera de una razón como esa. El cosmos comienza a crecer poco a poco, el gran toro dorado le responde que ellos, los espectros que no conocen la muerte jamás podrán entenderlo, que incluso en el límite de su vida, su corazón jamás dejará de arder porque las razones que lo motivan a seguir son inextinguibles, porque siempre habrá una persona que continuará y retomará su lugar.

El cosmos de Kagaho explota, las llamas que lo cubren son gigantescas, furioso le dice que está cansado de escuchar sus sermones y que va a consumir su vida haciéndola arder para que no vuelva a parar por una segunda ocasión. Una gigantesca bola de fuego de unos 10 metros de diámetro rodea a Kagaho ocultándolo; Aldebarán eleva su cosmos y hace temblar la tierra alrededor, piensa en Saro, Teneo y Celintha, la nueva generación mientras acumula todo su poder. El trío de jóvenes gritan preocupado el nombre de su maestro mientras el polvo comienza levantarse y a nublarles la vista. Aldebarán está listo para recibir el ataque de Bennu y plantando con fuerza sus pies en el suelo rocoso, les dice que a sus discípulos que miren y aprendan.

Personajes

Fuente

Blog de Saint Seiya: The Lost Canvas 40

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