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"¡Afilada!" (研ぎ澄ませ!, Togisumase!) es el capítulo número 77 de The Lost Canvas, ubicado en el Volumen 9 de la obra, puesto a la venta 6 de julio de 2008.

Sinopsis

Ikelos lo observa con malicia y satisfacción, le comenta que será divertido matarlo y se lanza al ataque escondido dentro de la distorsión del espacio. La gran aura del perro salvaje ha reaparecido justo detrás de El Cid pero la ha esquivado con mucha a duras penas, llevándose varios golpes y rasguños en el rostro. La pelea no es pareja, Capricornio es incapaz de leer sus movimientos su oponente se esconde en un espacio y acecha desde otro, lo que significa que su presencia desaparece completamente de ese lugar.

Esta vez, el Dios ha reaparecido desde el suelo, su ataque nuevamente ha sido esquivado pero si esto continúa de así, la victoria pronto será suya. Ikelos se oculta nuevamente y su voz resuena por todo el lugar diciéndole al caballero que ¡ese es el límite de los humanos! Porque ellos los dioses, están en dimensiones diferentes, literalmente. Un nuevo ataque desgarrador hace estremecer todo el lugar, el dios ha reaparecido en el aire cayendo en picada, pegándole una fuerte patada por la espalda al caballero dorado. Este cae indefenso, su rival se ha vuelto a ocultar, al no poder sentir su presencia le será imposible atacarlo o defenderse. El terrible impacto ha reabierto la herida en su brazo mutilado, la sangre comienza a chorrearle lentamente, formando un camino en el frió suelo del Mukai. La determinación del guerrero comienza a decaer, no comprende la insaciable sed de venganza que posee el Dios, además está el terrible dolor de su brazo… pero nada de eso debería importarle en ese momento, sólo debe derrotar a su enemigo con la fuerza de su brazo. ¡Su brazo… que es la respuesta de todo! El Cid se ha puesto en pie listo para continuar luchando. El espacio se ha distorsionado justo detrás de él e Ikelos ha reaparecido atacándolo con todas sus fuerzas pero su ataque no sólo ha sido bloqueado, sino que un sinfín cortes han aparecido por todo el lugar, uno de ellos lo ha cortado a mitad de la cara, dejándolo con un enorme tajo de oreja a oreja. Ikelos se toma el rostro alarmado, no sangra pero su cicatriz es como si fuera un rayo de luz. Ese ha sido el primer ataque certero de El Cid y el dios se pregunta si fue tan sólo por suerte… porque sería imposible que ese humano lo pueda tocar. El cosmos de Capricornio comienza a elevarse cada vez más, su aura es impresionante y sus ojos brillan de ansiedad. Tocando su brazo derecho, le informa al dios que su espada ahora está ¡más afilada!

Ikelos ha sido tocado, la confusión reina en su rostro. No muy lejos de él, El Cid le comenta que ciertamente ellos, los humanos, no pueden ir más allá de sus propios límites… pero son capaces de acercarse lo más posible para cumplir con sus metas. EL cosmos dorado se ha elevado formando una poderosa aura, dando un paso hacia adelante, ha levantado su brazo mutilado con brusquedad, creando un lluvia de sangre a su alrededor. Al mismo tiempo, Ikelos ha desaparecido para terminar de una vez por todas con la vida de ese miserable. Reapareciendo encima de él, se asombra al ver la lluvia de sangre y se distrae levemente cayendo dentro de la trampa preparada por su rival. Dos poderosos cortes han sido lanzados, produciéndole terribles heridas a la altura del pecho, su armadura del mundo de los sueños ha sido quebrada en el proceso. La batalla ha terminado, Ikelos ha sido derrotado y cae muerto, no sin antes, observar al humano con un profundo rencor. De su cuerpo sin vida se pueden apreciar además de los cortes mortales en su pecho, pequeños cortes por todo su cuerpo, sobre unos cuánto bastante visibles en su cara. La lluvia de sangre fue la estrategia que utilizó El Cid para poder leer la distorsión del espacio. Su treta ha funcionado a la perfección y ahora… ¡restan dos dioses!

Morphia

Morpheus voltea sorprendido al sentir como todo el Mukai se ha estremecido. Al parecer Ikelos ha sido derrotado y aunque se deshaga del intruso, el señor Hypnos no estará satisfecho por como han sucedido las cosas. Sin ver otra posibilidad, decide abandonar sus dominios para encargarse personalmente del caballero dorado que tantos problemas les está causando. Detrás de él, Tenma se ha reincorporado, un sin fin de amapolas cubren su cuerpo mientras trata de reunir sus fuerzas para atacar al temible dios que hace un momento lo sacó volando con una terrible presión producida con sus manos. Sin voltear a verlo, Morpheus le dice que mejor no haga ningún esfuerzo suplementario, porque las amapolas se encargarán de él vaciándole todas sus fuerzas hasta que muera y tanto su cuerpo como su alma desaparecerán. Las fuerzas de Pegaso han comenzado a disminuir terriblemente. Casi sin fuerzas, apoya una de sus rodillas contra el suelo para apoyarse y no caer, su mirada es una mezcla de impotencia e ira, su cuerpo maltrecho no podrá resistir el poder de flores por mucho más tiempo y si no hace algo pronto… morirá.

Personajes

Técnicas

Fuente

Blog de Saint Seiya: The Lost Canvas 77

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